martes, agosto 17


Miró su reloj de pulsera casi media hora, entró a su casa, sacó todos los relojes que encontró, los dispersó en derredor del reloj de sol y se sentó a mirarlos conturbado. Sudaba más de lo normal, se pasó la mano por la frente una y mil veces, se sacó los lentes y pasó la manga de la camisa por los ojos cerrados. Caminó de un lado a otro hasta que finalmente pudo establecer dentro de todas las preguntas que asediaban su cerebro dos afirmaciones principales, o todos los relojes de su casa habían fallado al mismo tiempo y andaban exactamente al doble de su velocidad normal o la tierra había disminuido su velocidad de rotación a la mitad. La primera sin duda alguna era menos descabellada que la segunda pero ambas eran probables.