Llegó la hora de aparecer, llegó la hora de despertar de este sopor que durante algún tiempo mis manos hubo de atar. Llegó la hora de alzar la pluma al cielo nocturno, teñir su punta con su negro sepulcral y derramar nuevamente sobre el blanco y escarchado papel cuanta sandez salga de mi mente.
¡Llegó mi hora! Ha llegado mi tiempo, mi era. Mi momento de blasfemar contra cuanto “dios” se quiera levantar, contra cuanto ídolo intente mi brillo opacar. Llegó mi momento de vomitar todo lo que he guardado; de darme un corte en las venas, derramar mi sangre y utilizarla como la tinta que haya de escribir mis rencores, mis odios y desilusiones. Y mi papel será vuestra cara, mi papel será vuestro ser y os llenaré de mis palabras, os llenaré de mis desvaríos, os llenaré de todo lo que no os quise entregar.
¡Este es mi tiempo! Ahora he de actuar, ahora he de enrollaros en la red de mi pensar. Ahora he de tomar entre mis manos vuestra mente y sobre ella taladrar con las mil palabras de mis infortunios. ¡Ahora! Ahora os conjuro a poneros en mi lugar.
La parole a été donée à l'homme pour déguiser sa pensée
