Para explicar la caída de una manzana al suelo, podríamos plantear las siguientes explicaciones:
1.Unos duendes la tiraron.
2.Una tormenta a su paso tiró la manzana.
Estas hipótesis explican igualmente el fenómeno, pero el criterio de Ockham nos obliga a presumir que la primera es la correcta, ya que las demás nos obligarían a asumir una serie de postulados mucho más complicados, como la existencia de tormentas.
Se ha de tener cuidado en no confundir la complejidad del enunciado con la complejidad de los eventos. En este caso podría enunciarse:
1.Unos extraños, enigmáticos, escurridizos, traviesos y pequeños seres arbóreos en medio de sus alegres juegos arrojaron una manzana al suelo .
2.La tormenta lo hizo.
Los duendes siguen siendo los culpables.
miércoles, junio 30
sábado, junio 26
Efímera existencia
Ayer miré el horizonte y sobre el intenso negro de los cerros vi subir llamaradas rojizas que se entretejían con un cielo verdoso. El azul crepuscular avanzó lentamente desde el este consumiendo primero los verdes vapores y luego ahogando el intenso fuego. Minutos más tarde sólo hubo obscuridad.
viernes, junio 25
Ha sido mucho el silencio que me ha apartado de vosotros, han sido muchos secretos, muchas las palabras que me he querido guardar. Han sido muchas las miradas que he querido (y logrado) evitar, han sido muchas las veces que no he querido mostrarme en esta realidad.
Llegó la hora de aparecer, llegó la hora de despertar de este sopor que durante algún tiempo mis manos hubo de atar. Llegó la hora de alzar la pluma al cielo nocturno, teñir su punta con su negro sepulcral y derramar nuevamente sobre el blanco y escarchado papel cuanta sandez salga de mi mente.
¡Llegó mi hora! Ha llegado mi tiempo, mi era. Mi momento de blasfemar contra cuanto “dios” se quiera levantar, contra cuanto ídolo intente mi brillo opacar. Llegó mi momento de vomitar todo lo que he guardado; de darme un corte en las venas, derramar mi sangre y utilizarla como la tinta que haya de escribir mis rencores, mis odios y desilusiones. Y mi papel será vuestra cara, mi papel será vuestro ser y os llenaré de mis palabras, os llenaré de mis desvaríos, os llenaré de todo lo que no os quise entregar.
¡Este es mi tiempo! Ahora he de actuar, ahora he de enrollaros en la red de mi pensar. Ahora he de tomar entre mis manos vuestra mente y sobre ella taladrar con las mil palabras de mis infortunios. ¡Ahora! Ahora os conjuro a poneros en mi lugar.
Llegó la hora de aparecer, llegó la hora de despertar de este sopor que durante algún tiempo mis manos hubo de atar. Llegó la hora de alzar la pluma al cielo nocturno, teñir su punta con su negro sepulcral y derramar nuevamente sobre el blanco y escarchado papel cuanta sandez salga de mi mente.
¡Llegó mi hora! Ha llegado mi tiempo, mi era. Mi momento de blasfemar contra cuanto “dios” se quiera levantar, contra cuanto ídolo intente mi brillo opacar. Llegó mi momento de vomitar todo lo que he guardado; de darme un corte en las venas, derramar mi sangre y utilizarla como la tinta que haya de escribir mis rencores, mis odios y desilusiones. Y mi papel será vuestra cara, mi papel será vuestro ser y os llenaré de mis palabras, os llenaré de mis desvaríos, os llenaré de todo lo que no os quise entregar.
¡Este es mi tiempo! Ahora he de actuar, ahora he de enrollaros en la red de mi pensar. Ahora he de tomar entre mis manos vuestra mente y sobre ella taladrar con las mil palabras de mis infortunios. ¡Ahora! Ahora os conjuro a poneros en mi lugar.
La parole a été donée à l'homme pour déguiser sa pensée
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