La realidad en sí no puede ser experimentada por el hombre ya que al este dirigir su atención al noumeno lo ve, lo oye, lo palpa, lo gusta, lo huele. Estas acciones deforman al noumeno, lo transforman en fenómeno, algo que ha pasado por los sentidos y mente humana y ha sido transformado, se le ha dado una interpetación subjetiva.
Para poder entender la realidad en sí habría que renunciar a los sentidos. De esta forma podríamos decir que quien posee la habilidad de privarse de los sentidos estaría más cerca de la revelación del noumeno.
-El ciego entiende aún más que nosotros el noumeno porque se ha privado de la visión.
-El sordo entiende el noumeno al mismo nivel que el ciego.
-El polineuropata sensitivomotor de igual forma que el ciego y el sordo entiende más que nosostros la realidad en sí.
-El que padece parálisis de Bell de igual forma que los anteriores entiende el noumeno con mayor eficacia que el hombre común.
Decíamos que el estado ideal para comprender la realidad en sí es la falta de sentidos, no obstante, si faltan los sentidos la mente sigue funcionando y sería posible imaginarse la realidad en sí pero esta imaginación sería subjetiva y no correspondería al noumeno.
Por lo tanto la única forma de experimentar el noumeno es estando muerto, en la muerte la mente ya no funciona ni tampoco los sentidos; razón por la cual se podría experimentar la realidad en sí. Ahora, ¿que realidad sería posible experimentar? Solamente la realidad de la muerte, lo cual cierra las posibilidades de experimentar toda la realidad en sí y solamente permite echar un "vistazo" a una porción extremadamente pequeña del noumeno.
Es imposible conocer la realidad en sí.
Es posible conocer la verdad.